martes, 13 de noviembre de 2012

Un credo que se viva.

Persigue siempre a la vida. Que no te pase, que no se te escape. Eso no.
No la quieras asfixiar, ni dejes que te ahogue. Cuídala. Si has de llorar, llora, pero rema. Si has de doler, duele, pero agárrate de las hojas y tira para arriba.
Expresa todo lo que llevas dentro, lo bueno y lo malo. Cualquier cosa que guardes, te va a enfermar el cuerpo.
Confía en que todo está en medio. No en quien mira hacia arriba o hacia abajo, sino al horizonte. Más allá.
Solos no se puede, no hay forma. Tienen que estar los otros para que el chistesito valga la pena. Invítalos a la vida también. No quieren, ni modo. No arrastres. Ve con esos que te puedan seguir el paso, siempre caminando, siempre adelante.
Imagina cosas grandes, llenas de belleza. Date cuenta de que todo lo que escribes, lo que hablas, lo que planeas, todo lo que deseas, va a suceder. Así que háblalo bien de adentro para que merezcas recibirlo. Si algo de lo que escribiste o hablaste o maldijiste ya no te gustó, reescríbelo.
Cuando tengas un mal presentimiento, ponle dos positivos. Cambia lo que está a punto de suceder. Por decir, si se te ocurre presentir que todo te va a salir de la chingada, tú solo lo estás creando así. Atrévete a imaginar más, no jodas.
Déjate sorprender, pero sin andar en la pendeja, no como diciendo “hoy me pongo hasta la madre, mañana a ver qué pasa”.
Practica una religión, si quieres. Repite un pinche discurso si quieres también. Promete cosas si se te da la gana, pero nunca te amarres a nada. Decir, simple y sencillamente, “cambié de opinión”.
Cásate, pero sólo bajo tu propia concepción del amor. Que sea de preferencia un amor que entienda que todo se transforma.
Un amante que te declare la guerra del amor cuando andes de cabrón, pero que te miente la madre cuando te pases de cursi.
Alguien que te abrace por las noches, pero que también pueda cogerte hasta el cansancio.
Que te diga todo lo que quieres escuchar, pero que, luego, te sorprenda con algo nuevo.
Alguien que te deje callado, pero que te incite a decir más.
Que respete tu misterio, pero que te arranque los secretos.
Alguien así, que te recuerde siempre a la belleza y a la vida.


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