Persigue siempre a la
vida. Que no te pase, que no se te escape. Eso no.
No la quieras asfixiar,
ni dejes que te ahogue. Cuídala. Si has de llorar, llora, pero rema.
Si has de doler, duele, pero agárrate de las hojas y tira para
arriba.
Expresa todo lo que
llevas dentro, lo bueno y lo malo. Cualquier cosa que guardes, te va
a enfermar el cuerpo.
Confía en que todo está
en medio. No en quien mira hacia arriba o hacia abajo, sino al
horizonte. Más allá.
Solos no se puede, no hay
forma. Tienen que estar los otros para que el chistesito valga la
pena. Invítalos a la vida también. No quieren, ni modo. No
arrastres. Ve con esos que te puedan seguir el paso, siempre
caminando, siempre adelante.
Imagina cosas grandes,
llenas de belleza. Date cuenta de que todo lo que escribes, lo que
hablas, lo que planeas, todo lo que deseas, va a suceder. Así que
háblalo bien de adentro para que merezcas recibirlo. Si algo de lo
que escribiste o hablaste o maldijiste ya no te gustó, reescríbelo.
Cuando tengas un mal
presentimiento, ponle dos positivos. Cambia lo que está a punto de
suceder. Por decir, si se te ocurre presentir que todo te va a salir
de la chingada, tú solo lo estás creando así. Atrévete a imaginar
más, no jodas.
Déjate sorprender, pero
sin andar en la pendeja, no como diciendo “hoy me pongo hasta la
madre, mañana a ver qué pasa”.
Practica una religión,
si quieres. Repite un pinche discurso si quieres también. Promete
cosas si se te da la gana, pero nunca te amarres a nada. Decir,
simple y sencillamente, “cambié de opinión”.
Cásate, pero sólo bajo
tu propia concepción del amor. Que sea de preferencia un amor que
entienda que todo se transforma.
Un amante que te declare
la guerra del amor cuando andes de cabrón, pero que te miente la
madre cuando te pases de cursi.
Alguien que te abrace por
las noches, pero que también pueda cogerte hasta el cansancio.
Que te diga todo lo que
quieres escuchar, pero que, luego, te sorprenda con algo nuevo.
Alguien que te deje
callado, pero que te incite a decir más.
Que respete tu misterio,
pero que te arranque los secretos.
Alguien así, que te
recuerde siempre a la belleza y a la vida.
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