Nos han condicionado a ser unos perfectos mitómanos cuando nos preguntan: ¿Cómo estas?
Hoy me quito esa máscara,
porque a veces nuestras decisiones nos llevan a nuestra sombra,
las palabras nos lastiman,
y solo quedan esas ganas de llorar y de estar en soledad.
Pero ¿sabes qué?, eso soy en este instante, mañana saldré,
me toparé con la mañana y voy a seguir viviendo,
porqué aún tengo sed de vida,
y aunque hoy no siento más que amargo el sabor de esta,
pasará y cambiará de color hoy es gris, puede que hasta negro;
mañana será azul, morado, puede que hasta verde.
Me encanta la reacción de las personas cuando les contestas algo distinto a "Estoy bien", como si te pudieran reclamar "Oye, ¡eso no está en el guión! ¿Ahora que te voy a contestar?" La mayoría de la gente pregunta "¿Cómo estás" por compromiso, casi nadie lo siente realmente (mucho menos le interesa). Tal vez sería más honesto decir un simple "¡Hola!" y entrar de llenos al tema. Finalmente, no me gusta cuando me preguntan "¿Cómo estás?" Tal vez algún día sea suficientemente valiente y contestar "¿Para qué quieres saber? ¿Acaso te importa?"
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